Budismo Monástico en el Periodo Medieval

Alrededor de un siglo antes del término de la Era Cristiana, tribus nómadas procedentes del interior de Asia, conocidas como Shakas o Scythians, lideradas por el poderoso señor de la guerra, Moga, invadieron y conquistaron el costado noroeste de la India. Se cree que uno de estos Shakas, llamado Azes, inauguró la Era Vikrama en el año 58 A.C. Tras él llegó Azilises y más tarde, hacia el año 5, el Rey Azes II.
  
No mucho después del año 19, el poder de los guerreros Shakas quedó roto por los Partianos bajo Gondophares. (1) Y más tarde, otra tribu asiática que se llamaban a sí mismos los Kushans, fueron conducidos hacia el oeste por los chinos hacia el territorio de los Shakas y los Partianos. Turbulencias fueron seguidas por turbulencias. Alrededor del año 78 (2), el rey de los Kusha, Kanishka, finalmente consolidó bajo su dominio la mayor parte de Afganistán y gran parte de la región norte de la India, incluyendo Kashmir (Cachemira). Estableció lo que podía llamarse la “paz Kushiana”, en parte subyugando regiones locales bajo un dominio feudal. Kanishka adoptó y promovió el Budismo por todo su imperio.

En resumen, podemos afirmar que el periodo entre el Buda hasta la era de Kanishka, un periodo de 630 años, cubre la fase más importante del desarrollo inicial del Budismo. Durante este periodo se establecieron los fundamentos de las enseñanzas y prácticas Budistas: la formación de las Dieciocho Ordenes, la formulación de Vinaya en sus ediciones actuales, y la instauración en forma escrita de la doctrina metafísica (Abhidharma).

Entre el momento de auge de Kaniskha y el declive de lo que se denomina el Periodo Medieval, parecieron tener lugar en el Budismo tres movimientos intelectuales.

En primer lugar, estaba el santo del sur, cuyo impacto en el pensamiento Budista fue enorme: Arya-Nagarjuna, autor del profundo tratado filosófico Mulamadhyamaka-karika. Nagarjuna fue un contemporáneo del emperador del primer siglo Satavahana, quien gobernó sobre una vasta porción del sur de la India.

Yogui Gorakhnathi

El siguiente acontecimiento de gran importancia fue la emergencia gradual a la luz del día de lo que se conocen como los Mahayana Sutras (o vaipulya sutra). La historia tibetana Taranatha nos dice que el primero en escuchar estos Sutras fue el rey del siglo segundo, Laksasva. Él construyó numerosos monasterios y  templos en Mount Abu, una montaña ocupada en su mayor parte por seguidores Parsis de Zoroastro procedentes de Irán, una montaña que hoy se emplaza en Rajastán, próxima a la frontera de Gujarat. Mount Abu sostiene una meseta de l200 metros de altitud con un bello lago sagrado en su centro. El rey Laksavara invitó a maestros y monjes de la tradición Mahayana a que residieran en los monasterios que él estableció allí.

Taranatha recoge que tras el establecimiento de un centro en Mount Abu, allí afloraron muchos maestros de la escuela Mahayana que recibieron inspiración de Bodhisattvas celestiales, tales como Manjusri, Avalokitesvara, Guhyapati, Maitreya y Vajrapani. Una vez que los Sutras Mahayana fueron traídos al mundo, su difusión fue rápida. En el año 67, Kassapa Matanga y Dharmaraksa avanzaron desde Gandhara (en el noroeste de la India) hacia China por la ruta de la seda, llevando con ellos en la grupa de un caballo blanco una estatua dorada de Buda y el Sutra Mahayana de 42 secciones. En algún lugar de las afueras de Tokharistan se toparon con agentes del Emperador chino Mingti, quien declaró que el Emperador había soñado con un hombre dorado, radiante como el sol, viajando en un caballo blanco hacia China. En consecuencia,  Kassapa y Dharmaraksa fueron escoltados hasta la capital Han, Loyang. Allí fueron presentados al propio Emperador, a quien expusieron el camino Mahayana de compasión y sabiduría, y para uso de ellos, se erigió en Loyang el Templo del Caballo Blanco. De este modo, transportado como semillas, el Mahayana floreció rápidamente en el jardín del Dharma del Este.

El tercer gran movimiento espiritual que surgió en el mundo del Budismo fue el Yogaçara, inaugurado por Asanga y Vasubandhu (años 290-370), como un correctivo contra la aparición del escolasticismo que en aquel entonces estaba reemplazando en la India a la tradición contemplativa.

Davidson clasifica el nacimiento del Periodo Medieval en la Historia de la India con la culminación de los Guptas Imperiales alrededor del año 550 y con la muerte del Rey Harsha en el año 647. Él describe este periodo histórico, aproximadamente desde el año 500 y 1.200 de la siguiente forma:

“caótico y confuso…Es el periodo del surgimiento de las formas culturales que a los autores británicos y continentales les encanta aborrecer y que algunos indios  reconocen con disgusto: tantrismo, bhakti, poesía excesivamente sofisticada, sati, la solidificación del sistema de castas y la apropiación rapaz de tierras tribales, por mencionar unos cuantos.”(3)

También fue un periodo marcado por la declinación de los derechos de las mujeres, por la aparición del Kamasutra y la pornografía en la cultura india, y en el caso del Budismo, hubo un eclipse de la anterior tradición meditativa. En muchos casos encontramos que durante esta etapa desaparecieron diversas Órdenes de mujeres monjes, a medida que su derecho a tener una vida independiente fue gradualmente restringido. Con el declive de la meditación, el escolasticismo se convirtió en la principal actividad budista en ocupar su lugar.

La gran Universidad de Nalanda fue fundada por el rey Kumaragupta, quien reinó entre los años 415 y 455. Cuando Fa-Hien visitó  Nalanda en el siglo IV, se trataba de un lugar bastante desolado y pequeño llamado Nala, especialmente recordado por ser la aldea donde nació Sariputta y donde sus restos quedaron yaciendo en una Stupa. Pero tras su inauguración por el rey Kumaragupta, la construcción de la universidad continuó durante cinco reinos sucesivos, para ser finalmente completada por el rey Yasodharma en el año 535. Nalanda se convirtió en la luz guiadora para el Budismo escolástico.

En la época en la que Rahulabhadra, ordenado en la Orden Mula-Sarvastivada, se convirtió en abad de Nalanda, el lugar había crecido y se había convertido en una Universidad de pleno rendimiento, con una gran Facultad. Rahulabhadra, el maestro de Nagarjuna II (autor del Mahaprajnaparamita sastra, un comentario del Prajnaparamita Sutra en 25.000 slokas), fue un contemporáneo de los eruditos de la línea  Madhyamaka, Kamalagarbha y Ghanasala.

El monje chino I-ching nos dejó un detallado informe de la vida en Nalanda hacia el año 67, en el momento de su viaje a la India. Según este informe, Nalanda constituía una gran Universidad que daba soporte a miles de estudiantes y eruditos a expensas del Estado.

I-ching menciona las diferentes Órdenes monásticas existentes en su época: la Mahasanghika, Theravada, Mula-Sarvastivada y otras más. Explica que algunos miembros de estas Órdenes practicaron una forma Hinayana de Budismo. Otros se adhirieron al Mahayana. Evidentemente, había, por ejemplo, practicantes Mahayana que eran monjes de la Orden Theravada, o viceversa, seguidores Sarvastivada que practicaron estrictamente el Hinayana. En contraste, hoy en día se dice que por lo general el Theravada evita plenamente el Mahayana, pero en tiempos pasados este no era evidentemente el caso.

Una descripción precisa de estas dos vías del Budismo que florecieron durante el periodo medieval, ha sido aportada por el profesor Conze, quien declara lo siguiente: 

“Tanto los que se adhieren al Mahayana como al Hinayana practican el mismo Vinaya, reconocen las mismo cinco categorías de faltas, se adhieren a las mismo Cuatro Verdades. Aquellos que rinden culto a los Bodhisattvas y que leen los Mahayana Sutras reciben el nombre de Mahayanistas; aquellos que no lo hacen son Hinayanistas.”(4)

Durante el Periodo Medieval, la vida monástica se hizo mucho más regulada. Del mismo modo que el Feudalismo,  inicialmente introducido por los extranjeros Kushans algunos siglos antes, sustituyó a los anteriores sistemas democráticos en la política de la India, así también  hizo formidables incursiones en la religión. El “Escolasticismo” es un término empleado para describir el estilo de aprendizaje y educación dominantes antes del surgimiento del Humanismo en Europa. Sin embargo, también constituye un término eminentemente adecuado para describir el anterior periodo medieval en el Budismo de la India. El Escolasticismo (del Latín schola, o escuela) implica un exhaustivo y detallado estudio de un conjunto dado de textos “autorizados”, que encarnan el conocimiento transmitido de una escuela determinada de pensamiento. En apoyo a la posición filosófica de la escuela a la que pueda pertenecer, el estudiante en particular llevaría primero a cabo una larga, meticulosa y cuidadosamente supervisada lectura de las autoridades aprobadas. A continuación, seria entrenado para ser diestro en el arte de la disputatio, es decir, en las formas ortodoxas de debate que se adhieren a un sistema de lógica establecido, con el fin de probar la plena veracidad del texto en el que ha sido instruido. Los graduados se convirtieron en expertos sostenedores del punto de vista mantenido por sus respectivas escuelas. La lealtad a una escuela determinada de pensamiento no se basaba tanto en una búsqueda personal de comprensión y verdad, sino más bien se trataba de una obligación feudal hacia la escuela o linaje al que se pertenecía. 

Los estudiantes de una escuela particular estaban a menudo conectados con ésta a través de vínculos de clan y familia. Este principio solía basarse en fundamentos económicos. El patronazgo real de un monasterio significaba que las habilidades intelectuales y profesionales de los miembros del establecimiento monástico estaban al servicio del rey.

El soporte tradicional de los monásticos por donación local cambió durante la edad medieval, convirtiéndose en un sistema de tasación feudal. Los grandes monasterios y universidades se convirtieron en los propietarios (por decreto real) de pueblos y distritos, de los que podían extraer soporte y demanda. Una ventaja de este sistema era que se podía asistir a las grandes universidades monásticas, como Nalanda, Vikramasila, Odantapuri, etc., sin coste por parte de los estudiantes o la facultad, es decir, que las universidades y monasterios eran mantenidos a expensas del estado. Pero el problema era el hecho de que la carga de este gasto se pusiera en las espaldas del pueblo, de los propios habitantes de las aldeas, que no tenían voz en el asunto. Otro inconveniente era la dependencia de los monasterios del capricho real.

También emergieron cambios conceptuales. Mientras que en el Budismo temprano el ideal estuvo encarnado en el Arahat, el santo, el ascético, el iluminado (Bodhisattva), o en otras palabras, el hombre o la mujer que alcanzan la realización mediante la practica espiritual y la meditación, durante el Periodo Medieval la persona ideal se convirtió en el erudito más brillante. Los clérigos y los favorecidos  sacerdotes monásticos (purohit) que servían a la corte real, fueron intelectuales reconocidos por la infinita cantidad de conocimiento literario que habían conseguido memorizar. Los más grandes eruditos (panditas) fueron aquellos que pudieron demostrar su erudición en competiciones públicas de debate.

A través de la disputatio contra cada contrincante, se esperaba que el erudito (que habitualmente era “él”, ya que la posición de las mujeres solía estar siempre en niveles bajos) sostuviese la postura de su propia escuela. Al erudito que concedía un debate público de importancia se le hacia unirse muy a menudo a la escuela ganadora. Ya que esto podía suponer algo más que una pérdida de imagen ― de hecho, más bien suponía una pérdida de la propia posición social y del puesto de profesor en la universidad, y por tanto la perdida de salario ―, el fracaso en los debates podía entrañar un gran desastre. La promoción del aprendizaje erudito y la memorización de detalles minúsculos fueron por tanto llevadas a límites extremos.

En el Pançaka Nipata del Anguttaranikaya hay una predicción hecha por el Buda en relación al declive de la vida contemplativa del Budismo:

“En el futuro, los Bhikshus no harán esfuerzo alguno en alcanzar lo inalcanzable, para dominar  lo que no puede dominarse, en realizar lo irrealizable, puesto que aquellos que llegarán después, cayendo en erróneos puntos de vista, serán indulgentes, perezosos y degenerados. Así, Bikshsus, del Dharma corrupto emana la disciplina corrupta, de la disciplina corrupta emana el Dharma corrupto”.

Movimientos Reformistas: Los Yoguis Tántricos y los monjes de los Bosques

El ideal asentado por el Iluminado no desapareció, ello pese a que el héroe cultural de la era fuese ejemplificado en el gran Pandita.

Cuando sea que la tradición meditativa sucumbe entre la población budista, a su debido momento, ciertos individuos llegan a revivirla. Esto ha ocurrido una y otra vez en el Budismo.

Sin embargo, la vuelta a la meditación no fue siempre posible en el interior de los monasterios, donde la tradición contemplativa fue superada por una rígida adherencia a las normas y rituales. En vez de fomentar las actividades escolásticas, en el Periodo Medieval, los monasterios se enfocaban en mantener los votos y la rutina de llevar una vida pura como monje, lo que tuvo como consecuencia que la práctica de la meditación quedara relegada a un segundo plano. Puesto que esto hizo que nadie lograra una experiencia interior espiritual, se comenzó a considerar a los santos (aryas) como un fenómeno del pasado. A medida que el Periodo Medieval se expandió, la vida monástica se volvió más y más inactiva.

Alrededor del año 700, cierta cantidad de monjes comenzaron a “exiliarse” de los monasterios, y en una gran medida, a “exiliarse” a la vez de la sociedad. A menudo adoptando trabajos de baja casta como medio de soporte, estos “exiliados” monásticamente entrenados y normalmente muy instruidos, adoptaron la vida de Yoguis y Yoguinis en busca de la sabiduría interna. Estos místicos fueron a menudo referidos como Siddhas o adeptos, practicantes del Budismo Tántrico, y destacaron por realizar milagros sagrados.
 

Junto a los manuales de meditación exponiendo la doctrina Yogaçara, la sabiduría secreta de los Siddhas fue encapsulada en cierto número de escrituras místicas únicas, conocidas como Tantras. Se cuenta que el primero de estos tratados secretos que apareció  en el mundo fue traído a este planeta por seres extraterrenos.

La transmisión histórica es muy brevemente relatada de la siguiente forma: las enseñanzas esotéricas, el Tantra Secreto, emanó originalmente de la propia Mente Búdica primordial y alcanzó el mundo humano en tres niveles o estados sucesivos de transmisión, cada uno de ellos un peldaño más bajo que el anterior. Estas transmisiones se conocen sucesivamente como la transmisión mental de los Budas, la transmisión simbólica de los Vydyadharas extraterrenos, y la transmisión oral de los sabios (humanos).

La mediación en estas transmisiones de información tuvo lugar en la comunicación de sabiduría a través de unidades simbólicas, transmitidos ― así se dice ― por los Sostenedores celestiales de la Visión Interna (Vydyadhara) a los maestros Bodhisattva del plano físico, cuyas mentes habían madurado completamente para recibir la verdad. Los Sostenedores de la Visión Interna indicaron el conocimiento a través de símbolos, mientras que el maestro ascendido comprende el significado perfecto y lo traducen al pensamiento conceptual. Éste último fue más tarde expresado en lenguaje humano.

Se dice que el Tantra fue traído a este mundo a través de dos canales de transmisión simbólica: en primer lugar, la transmisión a un nivel más adelantado de Sostenedores de la Visión Interna extraterrenos y, en segundo término, la transmisión a través de los Sostenedores de la Visión Interna extraterrenos a ciertos Sostenedores de la Visión Interna terrestres (humanos).

En el antiguo texto Tibetano, el sPyi-mDo dGongs-‘Dus, se dice:

“En la cima del Monte Dragshul Chan, al amigo Bodhisattva en forma humana, la sagrada esencia del Conocimiento, como fue revelada bajo la dirección del Sostenedor Vajra (Indestructible), fue transmitida desde los sistemas solares (çakravala) de los Resplandecientes”.
 

El amigo Bodhisattva mencionado en este relato fue un gran maestro de nuestro mundo llamado Vimalakirti, quien se dice que ha recibido los llamados “sesenta y cuatro tantras fundamentales” de cuatro seres extraterrenos, el Deva Draguen Chogkyong, el Naga Jogpa, el Yaksha Karda Dong y el Raksha Lodro Thubten. (Es interesante especular debido al hecho de que el término Tantea significa “Cuerda”, que lo que se ha dicho aquí es que Vimalakirti, el sabio humano, recibió de cuatro seres no humanos un despertar de las 64 secuencias de datos, selectivamente codificados, que yacen encerrados en el banco de genes humano. Existen exactamente 64 cordones de ADN en los repositorios genéticos del cuerpo humano, del mismo modo que hay 64 cuadrículas en el juego del ajedrez y 64 fragmentos simbólicos que, cuando son activados, liberan el pleno tributo del conocimiento humano en la consciencia. Los cuatro seres son, en cierto sentido, arquetipos tempranos de las cuatro corrientes de linaje que Tilopa incorporó a su transmisión oral, ahora conocida como Kagyu). Se dice que esta legendaria transmisión marca el origen histórico de la tradición Tántrica, el origen del “Rosario Dorado de Conocimiento” que, cuando más tarde se tradujo al pensamiento humano y se trascribió, tuvo la intención de revelar el camino mediante el que hombres y mujeres pueden despertar su potencial pleno como criaturas desarrolladas en este planeta, en lo que (en las antiguas escrituras Budistas) es conocido como nuestro sistema solar Saha Saha çakravala.    

Los textos escritos sobre Tantra que han llegado a nuestros días se hallan con frecuencia incompletos, y se dice que no son más que redacciones fragmentarias de los originales textos raíz (mula tantra), ahora perdidos. Estas redacciones transmitidas son los sagrados tratados que enseñaron la ciencia de los primeros Siddhas y grandes yoguis del pasado, tanto Budistas como Hindúes.

Existe un bien conocido grupo de Siddhas, tanto hombres como mujeres, que son recordados en la Historia como los 84 Mahasiddhas, los 84 Grandes Adeptos, ya que fueron autores de extensos comentarios sobre los Tantras, de manuales prácticos sobre meditación, poesía espiritual, y otras escrituras religiosas. Mientras que varios de estos adeptos eran monjes que retuvieron sus votos monásticos, hemos visto que muchos no lo hicieron. Esto se debe al hecho, explicado antes, de que durante el Periodo Medieval tardío, la vida monástica se volvió contraria al camino de la Iluminación. Los 84 Grandes Adeptos fueron los fundadores de varios linajes de práctica espiritual.

Un ejemplo de Mahassidha puede ser bien demostrado por la vida del Siddha nepalí Maitripa (5). Nacido cerca de Kapilavastu, en el Sur de Nepal, Maitripa recibió una exhaustiva educación de Brahmán hasta la edad de dieciocho años. Entonces ingresó en el Monasterio Vikramasila y se puso bajo la influencia del Mahapandita (“gran erudito”) Naropa, de quien aprendió los sistemas de lógica Dignaga y Dharmakirti, la filosofía Madhyakama de Nagarjuna, y más tarde, durante dos años, las hermenéuticas epistemológicas del Prajnaparamitra Sutra. A continuación, se encontró con Ratnakarasanti, gracias al cual comenzó a obtener el entendimiento de la teoría mental de Yogaçara. Finalmente, a la edad de 21 años, recibió la ordenación Bhikshu conforme a la Orden Sammitiya, y se le otorgó el nombre de Bhikshu Maitrigupta. Fue inigualable en su erudición.

Naropa era uno de los más importantes eruditos en la India durante esa época. Sin embargo,  un día, mientras descansaba bajo la copa de un árbol, leyendo un texto filosófico particularmente profundo, se le acercó una anciana que era una yoguini. Ella le preguntó si podía entender las palabras del texto que estaba leyendo y él dijo que sí podía. Ella se mostró muy feliz ante esta respuesta. Sin embargo, cuando él también respondió afirmativamente a la pregunta de si podía entender el significado del texto, ella se mostró muy disgustada. De esta forma, ella indujo a Naropa a darse cuenta de que todo su alarde de conocimiento era simplemente intelectual, de que no tenía una comprensión experimental y mística del camino de Buda. Él era como alguien que lo sabía todo acerca de  la composición, la estructura molecular y los aspectos dietarios de los helados, pero que en realidad nunca había siquiera probado uno, y por tanto que no tenía la experiencia real de lo que era un helado. En este sentido, su conocimiento del Dharma era puramente especulativo e intelectual. Él no tenía experiencia alguna del estado de Iluminación. Sólo poseía un conocimiento libresco.

“¿Quién conoce el significado?”, preguntó él. La anciana yoguini le dijo a Naropa que buscara al hermano de ésta, el yogui errante Tilopa. Esto hizo que Naropa abandonara su vida de erudito para marchar en busca de la Verdad experimental. Naropa se convirtió en discípulo de Tilopa.

El discipulado de Naropa bajo Tilopa pudo haber tenido lugar en algún momento tras el periodo cuando Maitrigupta estaba estudiando en Vikramasila, ya que en esa época, Naropa evidentemente todavía era sin duda profesor en la Universidad. Quizás fue el ejemplo de Naropa de dejar la universidad y la vida monástica lo que influenció a Maitrigupta.

En cualquier caso, a sus veintiocho años, Maitrigupta padeció un marcado rechazo hacia el aprendizaje escolástico, muy similar al que se atribuyó a Naropa. El historiador Pema Karpo explica que una joven muchacha de dieciséis años y de gran belleza se le apareció a Maitrigupta. “No te quedes aquí”, parece ser que le dijo ella. “En el Este, en el templo de Khasarpana, hay un Avalokitesvara. Vete y recibe enseñaza de él”. Entonces, ella desapareció (6).

Maitrigupta viajó en varias etapas hacia Khasarpana. Allí permaneció un año, rezando asiduamente, pero sin embargo no encontrando al maestro que buscaba. De nuevo, él recibió un mensaje en un sueño, en este caso mediante una figura masculina, que le dijo que viajara al Sur de la India, hacia Sri Parvata, un lugar célebre como punto de adoración a Avalokiteshvara.

El viaje hacia Sri Parvata no resultó fácil. Sin embargo, una vez allí, él aprendió acerca del Mahasiddha Savari. Matrigupta viajó de lugar en lugar, tratando de encontrar al Savari. Por un tiempo se instaló en Vaktapad, donde recitó el mantra de Tara cien mil veces. Después, se convenció de que debía seguir su búsqueda en la Cordillera Manda, al este de las Montañas Vindhya. Esto incluía un recorrido de quince días al Pico Vikrama. En el día decimosegundo, llegó a los límites de su esfuerzo y se desmayó. Desesperado por su fracaso, y ahora a la edad de treinta años, sintió el deseo de cometer suicidio. Justo en el momento crítico, apareció el Guru Savari (7).

Savari significa uno que pertenece a la tribu Sabara, un pueblo de casta intocable, de rango incluso más bajo que los Dombis o los Çandalas, quienes viven cazando animales salvajes en el bosque Vindhya. Savaripa era un famoso yogui de esa tribu, un discípulo de Saraha, quien tenía dos mujeres consortes con las que vivía. Cuando Maitrigupta se encontró por primera vez con el Guru, lo halló sentado sobre el suelo, mientras que sus dos consortes estaban quitándole piojos del cabello. Maitrigupta, que seguía siendo un ortodoxo Bhikshu y quien procedía de una elevada casta Brahmán, sintió que su fe se agitaba ante esta escena.      

El primer pensamiento de Maitrigupta  fue regresar a su monasterio. Luego se hizo la siguiente consideración: “Si regreso ahora, perderé el prestigio ante todos los monjes y eruditos. A lo mejor, después de todo, tenía que haberme suicidado.” Viendo la perplejidad en su rostro, Savari le preguntó que le sucedía.

Maitrigupta respondió: “He dejado mi vida como erudito, olvidado todas las enseñanzas, y ahora, sin encontrar nada, contemplo la idea del suicidio.”   

Savari, utilizando el lenguaje de la filosofía Madhayamaka, que Maitrigupta conocía a la perfección, le respondió, “Dime: ¿qué significa este ‘olvido de las doctrinas’, cuando en primer lugar todo es no originado? ¿Qué significa este ‘olvido de las doctrinas’ cuando en primer lugar todo es no cesante? Si el universo entero ha estado siempre liberado desde sus comienzos, como tu filosofía menciona, entonces ahora mismo tu innata naturaleza Búdica debe estar presente, por mucho que parezca estar oscurecida por la ignorancia”.

Ante esas palabras, en Maitrigupta brotó una repentina realización. Entonces, él vio las acciones y apariencias del Guru como un signo de apuntar hacia la naturaleza no originada de todas las cosas. Debido a ello, en él surgió una indiscutible fe en Savari, a quien reconoció como una verdadera emanación del compasionado Bodhisattva Avalokitesvara en persona.

Después, Maitrigupta recibió de Savari secretas iniciaciones tántricas, y recibió el nombre de Advayapada, el que reside en (pada) más allá de la dualidad (dvaya).  A raíz de ello, se retiró como yogui a meditar en un bosque durante doce años.

Aunque su correcto nombre tántrico fuese Advayapada, él quizás es mas conocido en la historia Kagyu como Maitripa, uno de los maestros del sabio tibetano Marpa de Lhodrak.

Se dice que en virtud de la instrucción, la meditación y el consiguiente consejo, a partir de entonces, en Advayapada se desarrolló gradualmente una comprensión intuitiva de la Realidad tal como es. Recibió una compresión plenamente experimental del conocimiento de todos los 64 Tantras. De esta forma, se convirtió en un Vydyadhara encarnado como humano.

Habiendo completado el camino y tras haber llegado a conocer la intrínseca naturaleza de la mente, el impulso inicial de Advayapada fue el de seguir viviendo en el bosque por el resto de su vida. Sin embargo, el Mahasiddha Savari, señaló con su dedo a su discípulo y le reprendió diciéndole: “¿Que esperas lograr sin ayudar a los demás? Tienes un intelecto agudo y una buena educación y por ello ve y enseña a la gente la realidad de cómo son las cosas.” De esta manera, Savari disolvió las ilusiones de su discípulo y lo dirigió para que se dedicase a escribir y a dar enseñanzas.

El Mahasiddha Advayapada (Maitripa) regresó a Bihar, en el centro de India, donde procedió a instruir a un gran número de discípulos. Se dice que él compuso algunos célebres trabajos filosóficos en la montaña Sri Parvata y en algunos otros lugares. Se convirtió en una autoridad ejemplar de Mahamudra, y bajo el nombre de Maitripa es autor de un tratado fundamental de Mahamudra del Linaje Kagyu.

Maitripa era algo más joven que el gran Naropa, y comenzó a ganar considerable reconocimiento tal como le sucedió a Naropa al término de su vida. En la región este de la India, fundó una ermita junto al cementerio de la Montaña de Fuego, y se estableció allí, enseñando a sus discípulos y escribiendo tratados de yoga. Adquirió cuatro discípulos principales, siete discípulos medios y diez discípulos menores. Los cuatro discípulos principales se llamaron Sahajavajra, Rama, Sunyatasamadhi, y Vajrapani.

Cuando el momento de su muerte se aproximó, le dijo a éste último: “Vajrapani,  ve y reúne a todos los discípulos.”  Entonces, se dice que realizó grandes ofrendas y dio sus últimas Instrucciones de Meditación. Dejó el cuerpo a la edad de setenta y cinco años.

Una de las características de los 84 históricos Mahasiddhas es que son reconocidos, tanto por Budistas, como por Hindúes. Aparentemente fueron tan universales en pensamiento y práctica, que fueron reconocidos como santos por ambas tradiciones religiosas.

 

El Vydyadhara en India, Myanmar y Tibet

En el Budismo, el objetivo de un Siddha era el de adquirir el estado Vydyadhara. Este término necesita algunas explicaciones. Vydyadhara significa, literalmente traducido, “Sostenedor de la Visión Interna” o “Sostenedor del Conocimiento”. Pero el término tiene un significado muy enriquecedor en la tradición del Tantrismo. Un Vydyadhara es alguien que posee el “conocimiento de la realidad”, por lo que él o ella adquiere poder sobre el mundo físico. Se halla en la posición privilegiada de estar cara a cara con el Universo y de poder atravesar por decisión propia las dimensiones. Por medio de su especializado conocimiento superior, el Vydyadhara es capaz de manipular el entramado de la naturaleza.

En otras palabras, el Vydyadhara es un maestro no sólo en términos de ver la mente, pero a la vez maneja y controla el campo concreto de la existencia .Él o ella puede desplazarse a través del espacio y el tiempo, y tiene una influencia sobre el destino humano.

En Myanmar, la existencia de Vydyadhara no ha sido olvidada. Sin duda alguna, es mencionado por un autor, la Pagoda de Shwedagon, “es generalmente para los Weizzars el sitio frecuentado por ermitaños dotados con poderes mágicos y seres semi-divinos, que han venido a dar su respeto para adquirir un merito eterno para su bienestar en futuras vidas.” Aquí, el término Weizzar (deletreado de distintas maneras, tales como Waizzar, Weisar, Wizzar, etc.), es una abreviación de “Weizzar-Dho”. Este es el equivalente en birmano del término Sánscrito Vydyadhara y del tibetano, Vajradhara.

Curiosamente, este término también tiene un bien conocido equivalente Inglés: Wizard. El hombre occidental de hoy no cree más en sus Wizards, y los trata como cuentos fantásticos del pasado. Sin embargo, en la antigua tradición celta, un “Wizard” era un hombre sabio, sostenedor de la sabiduría, quien era capaz de mirar en el pasado y en el futuro. Merlín, el consejero del legendario rey Arturo, era uno de estos Weizzars.

Un Weizzar es una persona que posee el  conocimiento especial mediante el que la base fundamental de espacio y tiempo puede ser sutilmente influida por la mente, con el fin de ajustarse a ciertos resultados deseados.

El maestro Birmanés, el Bodaw (maestro laico) Aung Min Gaung era un Weizzar, y su discípulo, U Tila Wunta, es uno en estos tiempos presentes.

Los birmanos dicen que entre los Weizzars existen dos tipos: Lawki Weizzars y Lawkuttara Weizzars. Al primero pertenecen Weizzars que han adquirido maestría sobre la materia, conocen los mantras y talismanes secretos, por los cuales pueden ser afectados eventos en el mundo. Sei Weizzar es un tipo de Lawki Weizzar, que utiliza sus poderes psíquicos para sanar al enfermo. En Myanmar, alguien que ha conseguido la transmutación de la materia a través de la ciencia de la Alquimia es también un Weizzar del tipo Lawki. Cuando Namgyal Rinpoche residió en Myanmar como un joven monje, estuvo durante mucho tiempo observando a los Weizzar alquimistas y estudiando con ellos, quienes en esos días a menudo visitaban en Rangún el monasterio de U. Tila Wunta. También se cree que los Weizzars son capaces de saber quién fue cualquier persona en sus vidas anteriores, y son capaces de observar la reencarnación de alguien que ha fallecido. Lawki weizzars son Siddhas que consciente y voluntariamente realizan milagros y cuando ellos desean.

Por el contrario los Lawkuttara Wizzars, son algo más que meros wizzars mundanos, ellos son wizzars que han alcanzado la iluminación, o en otras palabras, maestros de sabiduría que han visto los fundamentos de la Realidad. Son santos que han realizado lo trascendental. El verdadero Vydyadhara es un Sostenedor lawkutara de la Visión Interna.

Esto nos conduce a los Monjes de los Bosques de Myanmar. Los Monjes de los Bosques están a menudo muy relacionados con la tradición de Vydyadhara, puesto que también ellos han dejado los monasterios de la ciudad y los pueblos para internarse en los bosques salvajes. Insatisfechos por la ausencia de la practica de la meditación en sus comunidades, la Tradición de los Monjes de los Bosques surgió como un movimiento reformista. Similar a los Mahasiddhas de la India de tiempos pasados, la tradición de los Bosques esta hoy en día creciendo con mucho arraigo en Myanmar, Tailandia y Sir Lanka, apoyado por los monjes y monjas que quieren llevar una vida espiritual de meditación.

 

Milarepa y los Yoguis del Tibet

 MilarepaLuego están los yoguis Tibetanos (hombres y mujeres), particularmente representados por el más famoso yogui de todos, Milarepa.

Milarepa nunca se convirtió en monje. Su inspiración surgió directamente de la tradición Budista de los 84 Mahasiddhas de la India. Era un joven que, para vengarse del daño causado a su madre, primero se inclinó hacia la magia negra. Se menciona que a través de la magia negra logró matar a los enemigos de su madre. Esto le condujo a un profundo sentido de arrepentimiento, que sólo Marpa, el traductor, pudo eliminar consiguiendo que Milarepa llevara a cabo actos de severa penitencia.

Después de mucho dolor y dificultades, Milarepa se liberó de su remordimiento. Más tarde, Marpa instruyó a Milarepa en la práctica secreta de Çandali (ver Los Seis Yogas de Naropa). Esta práctica tántrica, heredada de los Siddhas de la antigua India, envuelve una seria de ejercicios espirituales que trabajan directamente con los nervios y las energías psíquicas del cuerpo y la mente. Tras elevar el Çandali hasta la coronilla, el yogui es rápidamente absorbido en el trance del Samadhi. Con la adecuada instrucción y guía, esto también puede ser denominado como “la vía rápida” hacia la iluminación. Sin embargo, es un camino  con ciertos peligros psicofísicos, que deben ser cuidadosamente sorteados.

Habiendo recibido instrucciones en la práctica Çandali, Milarepa pasó varios años como un yogui, vagando de un lugar a otro en las montañas Himalayas, viviendo en cuevas mientras practicaba la meditación.

El estilo de vida de los yoguis y yoguinis, ejemplificado por Milarepa, ha sido desde entonces imitado por innumerables tibetanos durante muchas generaciones. Jóvenes hombres y mujeres, siguiendo a un Lama, se han internado una y otra vez en la montañas o en la naturaleza, buscando allí la Iluminación, sumergiéndose plenamente el la vida espiritual.

La vestidura de Milarepa era simplemente una prenda de algodón blanca. Aun así, vivió y viajó a través de los más dificultosos terrenos conocidos por el hombre, con la muerte en los talones en pleno invierno. Sólo su maestría suprema sobre la mente y el cuerpo hizo que él pudiera sobrevivir bajo dichas condiciones. A este respecto, él era excepcional, aunque otros yoguis han tomado rutas mucho más fáciles.

Milarepa permanece a la cabeza de la corriente de la presente tradición monástica Kagyu. Él no era un monje, pero su influencia en la vida monástica Kagyu es tremenda. Una vez que  monjes y monjas se dieron cuenta de que originalmente el Buda propuso para ellos dedicar sus vidas a la meditación, y que se revivió la tradición meditativa en los monasterios, quienes en el pasado los abandonaron para perseguir la experiencia de los Siddhas en los bosques, ahora han regresado a aquellos donde la meditación ha seguido siendo practicada. Los monasterios Kagyu en el Tibet se hicieron famosos como centros donde, como en los tiempos de Buda, podía adquirirse la verdadera Iluminación.

 

Los Monasterios Kagyu

Ahora, de alguna manera, se completa el círculo. La tradición de los monasterios Kagyu comenzó con Dagpo Lhaje Gampopa, un discípulo directo de Milarepa. Gampopa nació en 1074, el segundo de tres hermanos. A la edad de veintidós años se casó con una bella mujer de la que estaba muy enamorado. De su unión surgieron un hijo y una hija. Gampopa era medico, y destacó mucho en este campo, de hecho, fue uno de los mejores.

Aunque era muy buen doctor, tanto su hijo como su hija fallecieron durante una epidemia que surgió. Al cabo de un tiempo se descubrió que su mujer tenía cáncer, y tras sufrir una larga enfermedad, también ella falleció, dejándole completamente desolado. En su lecho de muerte, la mujer le mencionó a Gampopa, “la felicidad no se puede hallar en este mundo. Después de mi muerte, esposo querido, por favor emprende la vida espiritual para el beneficio de ambos.”

La muerte de sus hijos y su mujer hizo que Gampopa desarrollase un sentimiento muy fuerte de renuncia. Recibió la ordenación como monje Kadampa de su preceptor Loden Sherap en Mangyul, asistido por dos Maestros Açaryas, Sherap Nyingpo y Changchub Sempah. Se le dio el nombre de Sonam Rinchen. En estos momentos tenia veintiséis años de edad.

Gampopa

Se dice que Gampopa fue muy diligente en mantener sus votos monásticos. Desarrolló la meditación en concordancia con las instrucciones de Kamalashila y la escuela de Atisha. Él adquirió la habilidad de permanecer en el trance del Samadhi por horas, gozando estados internos de quietud, bienaventuranza y claridad. Sin embargo, este entrar y salir de sí mismo no  le supuso la Iluminación que estaba buscando. Sintió que necesitaba encontrar un maestro del Secreto Camino del Tantra, y fue esa búsqueda la que finalmente le llevó a convertirse en un discípulo del Yogui de la vestidura blanca, Milarepa.

Por primera vez, Gampopa encontró a Milarepa en Tashi Gang, donde él hizo ofrendas de té, oro y otras cosas, y donde se postro ante el maestro muchas veces. Juntando sus manos a la altura del corazón, él dijo: “He recorrido una larga distancia, padeciendo muchas dificultades como un buscador de la preciosa Doctrina Secreta del Tantra. Por favor, acéptame como discípulo”.

Para probarle, sabiendo que Gampopa era un monje cuyos votos le impedían consumir alcohol, Milarepa le ofreció a Gampopa beber de su Kapala. Al principio Gampopa vaciló, pero más tarde aceptó el cuenco y bebió todo su contenido. Milarepa consideró esto como un signo auspicioso, que demostraba que Gampopa estaba plenamente preparado y suficientemente dispuesto para recibir las enseñanzas secretas.

Milarepa clarificó todas las dudas y preguntas de Gampopa. “Tú doctor profesor, desde este momento apártate de todos tus estudios de filosofía”, le dijo. “En vez de ello, ¡dedícate a la práctica contemplativa!” Hablando de esta manera, Milarepa le dio todas las iniciaciones completas, la plena enseñanza de la práctica Çandali, la gozosa instrucción de Mahamudra, incluso la iniciación Balim de las Dakinis y los Dharmapalas. Luego envió a Gampopa hacia el  Este, a la montaña de Gampo, y le dijo que se dedicase él mismo a la meditación en la naturaleza salvaje.

“Hablando en general, vas a convertirte en un meditador excelente,” le explicó Milarepa. “Corta con los apegos a la familia y a los amigos e involúcrate firmemente en todas las actividades de la vida. Conviértete en el hijo de las montañas. Reúne todo el Dharma en una misma práctica. Adhiérete al Lama, incluso cuando realices a la mente como Buda. Si simplemente sigues estas instrucciones con diligencia, entonces con seguridad obtendrás la realización.” Con estas palabras de aliento, el monje Gampopa fue dirigido a perseguir el camino mas elevado de la espiritualidad. Y fue de esta manera que en un breve espacio de tiempo adquirió rápidamente la Iluminación.

Gampopa reintrodujo el monasticismo en la tradición yóguica del Linaje Kagyu (9). Por ello la meditación y el camino de los Mahasiddhas regresó de nuevo a los monasterios y se expandió por todo el Tibet. Esta nueva fusión del camino de los yoguis contemplativos y el camino de los monjes, retornó el Budismo a la práctica del propio Buda. Desde entonces, el Linaje Kagyu ha existido como un faro para todos los buscadores de la Verdad. Hoy se mantiene como un ejemplo insuperable de lo que hombres y mujeres pueden adquirir en el ámbito espiritual en el intento de obtener la realización completa.

 

Notas

(1)  El Acta Thomae, o las Actas apócrifas de Tomás, fueron recogidas por Tomás, el hermano de Jesús, al asistir a la corte Budista de Gondophores, pero el texto difícilmente puede ser considerado como una autoridad sin más evidencias. Sin embargo, parece que fue durante el reino de Gondophores que Apolonio de Tyana llegó a Takshasila y fue convertido al Budismo por maestros de una de las escuelas del Himalaya.

(2) A.A. Mac Donell, India’s Past, Oxford, 1927.

(3) Ronald M. Davidson, Indian Esoteric Buddhism, Columbia University Press, New York, 2002.

(4) Conze, Buddhism, Its Essence and Development, Oxford, 1960.

(5) Una Biografía en Sánscrito de Advayavajra existe en la Librería Kaiser, en Katmandú, Nepal. Otra Biografía en Sánscrito ha sido publicada por el vihara Rastrabhasa Parished en Patna,  Nepal, 1957.

(6)  Padma dKar-po, Brug-pa’i Chos-byung, publicado por Lokesh Chandra, New Delhi, Internacional Academy of Indian Culture, 1968.

(7) Lo mismo ocurrió en la vida del maestro espiritual de nuestros días Namgyal Rinpoche. Fue precisamente cuando Rinpoche había tocado fondo en su búsqueda del significado de la vida, y estaba a punto de cometer suicidio, que encontró a su Guru U Tilla Wunta.

(8) Myanmar Digest, The Shwedagon Pagoda.

(9) Para obtener más detalles sobre la vida de Gampopa, ver la obra The Jewel Ornament of Liberation, escrita por Gampopa, Snow Lion Publications, Ithaca, New York, 1998.

(Textos extraídos de la página Web www.dharmafellowship.org y revisados y traducidos por Trikaya)